¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE INTIMIDAD?

Consideraciones teórico-históricas sobre el concepto de intimidad.

Para que en las artes del espectàculo surja la coordinación de intimidad como una instancia de colaboración en la producción de escenas de intimidad, tiene que haber antes que nada una determinada concepción de intimidad epocal que nos permita comprender que “cualquier tipo de intrusión al cuerpo de las personas que provoque sensación de vulnerabilidad, temor o incomodidad sea considerada como una agresión a esta intimidad”. Para comprender mejor de qué hablamos cuando hablamos de intimidad en la actualidad repasemos brevemente algunas cuestiones teóricas desde una perspectiva histórica que han colaborado en la construcción de la noción de intimidad tal como la concebimos hoy.

Según explica Georges Vigarello, historiador francés, lo primero que hay que mencionar cuando se aborda la cuestión de la intimidad es que desde una perspectiva histórica, la intimidad constituye una verdadera conquista. Una conquista construida a su vez a partir de tres conquistas sucesivas. La primera está dada por el modo en el que se ha modificado la comprensión de la violencia sexual a través de los siglos. La tradición durante el Antiguo régimen consideraba a la violación sexual como un rapto de violencia que colocaba a la víctima en la posición de “sustraída” de su familia con una atención especial sobre la figura de la familia y no sobre la víctima. A partir de la revolución francesa se produce un primer gran desplazamiento psicológico y cultural. La figura de rapto desaparece y se impone el término violación colocando la atención sobre la víctima. Comienza a considerarse como grave cualquier acto físico que atente contra la integridad sexual de la persona. En este primer momento solo se considera a la violencia física ya que no se reconocía aun la dimensión psicológica de la víctima.

Recién en la segunda mitad del siglo XIX comienza a ser considerada la esfera psicológica de la víctima, es decir, se legitiman sus miedos, sus sensaciones desagradables ante la amenaza, su temor al engaño, en definitiva, se comienza a considerar al abuso también como procedimiento psicológico. En este segundo momento se produce una complejización de la esfera psicológica y comienza a comprenderse que la víctima tiene además de la física una existencia psicológica y que, en caso de agresión sobre dicha existencia, se está también ante un acto de abuso. Esta segunda conquista permite evidenciar que el espacio interior y el orden de lo íntimo comienzan a ser finalmente considerados. Se afirma la noción de intimidad y se profundiza la toma de consciencia de lo íntimo y de las posibles agresiones que pudieran ejercerse sobre éste.

La tercera conquista está dada por la conquista de la esfera espacial. Comienzan a organizarse espacios domésticos privados, como el cuarto de baño por ejemplo. Se profundiza, consolida y complejiza el espacio corporal íntimo y todo lo relativo a las cuestiones de la intimidad, por consiguiente, las cuestiones relativas a la intrusión de esa intimidad. Recordemos que en la actualidad las relaciones sexuales tienen lugar en el ámbito privado y la desnudez eventualmente también.

En este desplazamiento de lo aceptable a lo inaceptable en relación a la esfera íntima, algunos hechos de los últimos años, comenta Vigarello, están signados por un rasgo de intolerancia hacia aquellos actos que irrumpen en la intimidad de las personas y que no han sido consentidos. El movimiento MeToo, sostiene el autor, es precisamente una señal manifiesta que evidencia que «la intimidad se ha profundizado lo suficiente como para no poder soportar más intrusiones y agresiones al cuerpo». MeToo marca una clara crisis que pone de relieve que la irrupción e intrusión a la intimidad de las personas se han vuelto intolerables. Hoy, todo comportamiento sexual de irrupción en el cuerpo del otrx que no ha sido consentido se considera una violación a la esfera íntima.

A la luz de las consideraciones de Vigarello, lo que vuelve particularmente complejo el tema de las escenas de intimidad en la ficción reside en dos cuestiones fundamentales: por un lado el cuerpo del actuante al servicio del personaje es abordado en el plano de la ficción pero ese abordaje también puede ser operado a nivel personal en el plano de la esfera íntima del actuante, aunque se tenga un pretexto artístico que la justifique, intrusión que puede ser incluso positiva, como un beso placentero por ejemplo. Por otro lado, para el actuante pueden volverse opacas y porosas las fronteras entre quién es el destinatario de ese contacto físico, si es el personaje, que es una abstracción, o él actuante mismo, que es una subjetividad sensible.

¿Las acciones de contacto íntimo se están inscribiendo en su cuerpo sensible? Es posible que el pretexto del dispositivo escénico junto con la experiencia y oficio que pueda tener el actuante no alcance para que puedan vivenciar esas acciones por fuera di sí mismos.

Maria Soledad Marciani

Fragmento de la tesis Intimacy coordination: la nascita di una nuova figura in ambito teatrale statunitese - Università di Bologna

Para citar este artículo:

Marciani, Maria S. (8 de abril de 2022). ¿De qué hablamos cuando hablamos de intimidad? Intimitas blog. https://www.coordinaciondeintimidad.com/blog/s

Maria Soledad Marciani